MI COMPAÑERA, LA SOLEDAD

Ella siempre había pensado que su vida no valía nada, cuando niña, muchas veces se preguntaba por qué le costaban ciertas cosas más que a las otras personas y eso siempre era así. Había nacido con serios problemas en el oído y por ello ciertas cosas se hacían más complicadas para ella, sin embargo, eso también le permitía activar su sentido auditivo cuando lo considerase necesario. De esta manera cuando se encontraba en lugares que le parecían hostiles un simple clic hacía que sus audífonos se desconectaran.

Aunque hablaba con perfecta claridad, para ella, las palabras tenían una vida secreta, es decir se escondían de ella desde muy niña, haciéndola caer en la soledad, soledad que ahora ella había sabido dominar y la generaba cuando le apetecía.

Su vida pasaba dentro de una gran fábrica al sur de Francia, en esa fábrica ella no entablaba conversación con nadie, al parecer, su época de niñez, determinó las condiciones de ese gusto por la soledad, sin embargo, tal vida no dejaba de ser monótona en una fábrica en donde todo giraba en 4 ruedas al compás de una agradable sinfonía que no podía tener errores por nada del mundo.

Su jefe, el cual la observaba siempre desde lejos, un día decidió revisar su expediente de asistencia, se dio con a sorpresa de que esta empleada no había faltado al trabajo en años, es más, tampoco había echo uso de sus vacaciones, las cuales les correspondían un mes en cada año.

Era obvio que en este caso existía una carencia y sobre todo que esas carencias se posaban sobre una necesidad impetuosa de trabajar. Su jefe, un señor muy amable, decidió que era tiempo de que ella tomara unas vacaciones, obviamente Ana se resistió a la idea, sin embargo, luego de que se le entregasen numerosos prospectos de viaje a diferentes lugares del planeta, volvió a su casa y empezó a explorarlos.

Viendo que estaría en casa mucho tiempo y que eso, en cierto sentido, también era deprimente, no tardó mucho en elegir un destino cercano, al cual llegaría sólo tomando un bus.

Tal como se lo propuso lo hizo, se percató de lo maravilloso que era espectar la naturaleza en todo su esplendor, cosa que no había realizado nunca. Veía montañas por cualquier lugar y lugares nuevos, a parte también conoció gente nueva e incuso conoció el amor, sin embargo, se rehusó a admitirlo para que posteriormente se convenza que sus días ya no serían para nada los mismos, que esos días pasarían a estar acompañados de alguien y que muy pronto su compañera la dejaría de lado, no porque quisiera, sino porque era necesario, la convivencia con ella ya era una contradicción, sólo, en algunos casos, los domingos por la mañana cuando sus futuros hijos y su nuevo esposo hayan salido a realizar las compras, ella se encargaría de acompañarla, sin reclamar nada a cambio, solamente siendo feliz por ella.

Sólo en esos pequeños instantes se vería de nuevo con la soledad.

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